• ¡Mira lo que nos ha traído el gato!

    La curiosidad no mata al gato, sino que lo mantiene alerta y a salvo.

    Porque se trata de eso…

    En este conjunto de relatos, se nos presenta un mundo real en el que las apariencias no nos engañan, sino que a veces nos muestran tal y como somos en realidad. En cualquier lugar puede suceder algo perturbador, como en la gasolinera en la que el dependiente nos habla con toda naturalidad con palabras extrañas y sin querer, se nos eriza el vello del cuerpo, y al final comprendemos; o cuando recibimos un excitante mensaje en nuestro móvil que nos abre la puerta a la locura que todos escondemos en nuestro interior… Y todos lo sufrimos, incluso Santa Klaus puede vivir la experiencia más horrenda sin saber cómo reaccionar ante ella aun habiéndola provocado.

    Eso es porque las experiencias más sobrecogedoras no provienen del exterior, no hay fantasmas ni monstruos bajo la cama, sino que las sufrimos cuando nos miramos en el espejo y vemos por primera vez lo siniestros que somos por dentro. Eso le sucede al gato en sus rutas nocturnas, cuando observa con horror mal disimulado cómo todos escondemos algo terrible dentro de nuestros cuartos y que solo sacamos cuando creemos que nadie nos ve; u observamos caer a la gente que amamos, presa de los vicios más inconfesables y aterradores, ya sea un hermano trastornado, el hijo preso de una malévola enfermedad, o una esposa esclava del voraz apetito de su perro…, puede que a lo mejor, incluso cometamos esos actos terribles intentando proteger a quien queremos.

    Como ves, todos tenemos un diablo en nuestro interior, solo que lo mantenemos oculto a la vista de los demás, alimentado por nuestras miserias, pero es cuestión de tiempo que nos relajemos y lo percibamos arañar la piel desde dentro.

    Oponemos resistencia, pero tarde o temprano saldrá.

    Siempre lo hace, y a todos en el fondo a veces nos gusta mirar… ¿O no?