Pascual García, un autor en plenitud
On 26 septiembre, 2018 | 0 Comments

Crítica en El Noroeste a su última novela: EL ORDEN DE LA VIDA

Excelente y precisa crítica literaria de Sagrario Ruiz en El Noroeste a la última novela del escritor Pascual García: EL ORDEN DE LA VIDA (Malbec Ediciones), un autor que se encuentra en plenitud creativa.

Sagrario Ruiz ofrece, a página completa en El Noroeste un retrato eficaz y pormenorizado de la prosa y personaje principal de EL ORDEN DE LA VIDA. La crítica literaria se adentra en las profundidades narrativas de Pascual García y su protagonista: Onofre. Comienza con una cita extraída del propio libro: «Las cosas hay que hacerlas bien. Apretar el gatillo fue fácil, apenas un segundo». Y es que, como señala Sagrario Ruiz, Onofre, inadaptado, «se sintió un desertor de la propia vida, a la que trataba como una amante; y la vida se reía de él a carcajadas».

El título de la obra: EL ORDEN DE LA VIDA, es «el envés de la sustancia de la novela, es el espejo velado del halo de la obra, pues nada hay velado en la vida sino las largas sucesiones de difuntos, que resultan ser Onofre, su madre y todas las que circundaron su anunciada muerte. La vida no tiene orden, solo puede tenerlo la muerte«.

Para Sagrario Ruiz, EL ORDEN DE LA VIDA es la obra maestra de Pascual García, que ofrece una precisión en el dibujo psicológico de los personajes; una novela donde las acciones resultan lastradas por un ritmo macabro e impulsivo que rige lo marchito y son perfumadas por la podredumbre de la tierra que supera al difunto, muerto en vida, marchitándose en cada respiración.

Mafia de la droga

La novela, como recalca Sagrario Ruiz en El Noroeste, también habla de intrigas relacionadas con la mafia de la droga y de pesquisas policiales. Todo ello dentro de una obra de circularidad perfecta «que es un hálito lírico, un poético polvo en suspensión sobre una prosa pincelada con hermosura no usada de lo mortal y ceniza».

Pascual García, en plenitud creativa, «sabe muy bien hacernos intuir y vislumbrar incluso que el color de su satánica majestad no es el negro, vibrante, intenso, profundo, sino el ceniciento y mate, polvo y humo de lo que jamás tuvo la vida y tan solo apariencia fue de ella».