La insólita madurez literaria de Aída Isabel Arce en SUPERLECTORALFA
On 20 octubre, 2020 | 0 Comments

Amplia entrevista en el blog de Kiko Prian ante el lanzamiento de la novela LA RANA VERDE

Aída Isabel Arce Aguado es una de las autoras más jóvenes de MALBEC EDICIONES, sin embargo, es una de las autoras más maduras que engrosan la nómina de escritores de la editorial de Cartagena. Con LA RANA VERDE ha demostrado una insólita madurez literaria, como apunta su editor, Javier Salinas. Así queda reflejado en la entrevista, amplia y extensa, que realiza Kiko Prian en el blog literario SUPERLECTORALFA.

Y es que Aída Isabel Arce empezó a escribir a muy temprana edad su ópera prima, hace ya seis años, como ella misma cuenta. Cronológicamente nació en 2014, concretamente en el mes de noviembre…

«Recuerdo que encontré en internet un artículo en el que hablaban del poeta francés Arthur Rimbaud. Cuando terminé de leerlo quedé fascinada por la vida del escritor, así que comencé a buscar información adicional por mi cuenta. Esa misma noche, además, recuerdo una larga e interesante charla con mi cuñado Joaquín Piqueras (que también es escritor). Leí sus poemas y tuvo todo esto tal impacto en mí que, ni Rimbaud ni su personalidad, me abandonaron en mi día a día. Me asombraba cómo una persona tan joven, con mi edad (yo tenía catorce años por aquel entonces), fue capaz de dejar una huella tan grande en la historia, y de inspirar a personas, artistas, tantos años después y siendo tan diferentes sus entornos y modos de vida».

Poco después, «una noche fui a un concierto. El momento mágico para mí fue cuando Amador Blaya (cantante de Ferroblues) subió al pequeño escenario a cantar Hit the road Jack. A medida que comenzaban a tocar, que comenzaba este hombre a cantar, el primer capítulo de la historia vino de la nada a mi cabeza, y vi a Arturo, gran admirador de Rimbaud y también escritor, mover los pies al son de la música bajo la mesa; vi el largo mostrador; a Amalia bajando las escaleras… Al día siguiente, fue cuando decidí plasmarlo en papel, y seguir soñando despierta con aquella inesperada y atractiva escena».

Sobre los personajes de LA RANA VERDE

El protagonista de LA RANA VERDE se llama Arturo…

«Arturo era un niño de papá sin nadie que ocupara ese puesto. Su madre, a quien él tanto llega a despreciar, diría que es el punto de partida y el motivo de muchos de sus conflictos internos: es ella la que comienza amándolo y termina despreciándolo más tarde; es por ella que las madres de sus amigos no quieren que sus hijos jueguen con él… Entre toda esta soledad, está Amalia, la única niña que decide seguir a su lado a pesar de todo y de todos los demás. Más tarde, esta genuina e importante fuente de cariño para Arturo también se ve obligada a irse de su lado, dejando al protagonista de nuevo solo con sus relatos, sus libros y, en especial, un pequeño poemario, regalo de su abuelo, con la mítica fotografía de Rimbaud en su interior».

Arturo es un personaje maldito, solitario, bohemio. Él, desde su adolescencia y soledad, desea más que nada en el mundo llegar a ser como su escritor favorito, al que de modo cariñoso llama “padre”, sin darse cuenta de que, a medida que crecía y confundía sus propias acciones y actos, se convertía más y más en una sombra rancia de un joven Verlaine, en ciertos aspectos, del todo diferente a lo que él adoraba y aspiraba.

La dulce Amalia

Amalia, a su vez, es dulce, risueña, aunque también melancólica. «Amalia, para mí, representa a todos y cada uno de nosotros cuando, inocentes, de pronto, nos damos de bruces con la realidad y perdemos de golpe la inocencia. Es la delicadeza de la decadencia personalizada, la femme fatal idealizada, desdichada y, como Arturo, también maldita».

Ella sueña con que Arturo le dedique simplemente una mirada que, a pesar de que sea solo un instante, le devuelva a la etapa de su vida de niña rica en que aún creía que todos sus sueños se harían realidad de una forma u otra, en la que creía que no había más verdad que la que brotaba de sus labios, aquella época en la que aún se podía permitir mirar a las prostitutas por encima del hombro, sin saber que un día se convertiría por circunstancias y sin remedio en una de ellas.

La novela se encuadra históricamente en 1977. Y es que 1977 es realmente el año en que cerraron para siempre La Rana Verde, una especie de lupanar encubierto que existió en la realidad. «Además, es un año de cambios, no solo en la ciudad de Cartagena, sino en el país entero. La gente de aquel momento estaba viviendo lo que hoy día llamamos transición española, un momento de incertidumbre, aperturismo, cambios de todo tipo…  Todo esto, evidentemente, influyó en las personas, y me pareció muy interesante crear y trabajar personajes que vivieran en un entorno tan diferente al actual, que es el mío».

Proceso de documentación literaria

Respecto al proceso de documentación, la autora señala que «desde siempre había oído hablar a la gente de mi barrio de La Rana Verde, que yo conocí más tarde como imprenta, ahora abandonada. Cuando comencé a escribir, hablé primero con Amador, ya que era una persona cercana a mi familia y, además, fue un niño cuando La Rana existía. Recuerdo hacerle muchísimas preguntas: cómo era el barrio en aquel entonces, qué edificios existían, qué tipo de personas vivían allí, cómo era La Rana Verde, por qué se llamaba así…».

Poco a poco, «fui hablando con varias personas más de la barriada. Algunas eran personas de la misma edad que él, que también fueron niños en aquel tiempo; personas mayores, ancianos, que eran los padres de aquellos niños; personas que conocían el barrio por amistades o familiares que residían allí; e incluso con los antiguos dueños de la imprenta. Todos ellos fueron para mí de gran ayuda, ya que además de contarme cómo era aquel lugar en ese momento, me contaron un sinfín de anécdotas e historias que serían imposibles de conocer por alguien que no las ha vivido, lo que me ayudaba a imaginar a mis personajes en aquel entorno; me proporcionaron fotografías; antiguas noticias de periódico».

Toda la entrevista en el blog SUPERLECTORALFA: AÍDA, ENTREVISTA COMPLETA