Lo que el escritor debe saber/hacer tras la publicación de su libro
On 6 marzo, 2017 | 0 Comments

El trabajo de un escritor una vez su obra ve la luz

Ante todo, y que conste, el que escribe este artículo a modo de reflexión y análisis, ha sido y es periodista, escritor y cuenta en su haber con la publicación de un libro. Al mismo tiempo es editor y también ha trabajado y trabaja en el sector de la distribución editorial (porque a veces no queda otra opción).

Las siguientes líneas van a intentar exponer lo que considero que debe ser el trabajo de un escritor una vez publicada, a través de una editorial (descartemos pues la autoedición), su obra (no importa el género literario). Porque precisamente es en ese momento donde los esfuerzos deben acompañar (por obligación moral) a los realizados previamente por la editorial para poner en escena el sueño del autor.

Tras un amplio estudio sobre el terreno del sector literario durante más de un año, con vivencias personales incluidas, se puede demostrar y confirmar de forma objetiva que un autor vende mucho más si subvenciona su publicación (o si la paga por completo a través de imprentas, denominadas curiosamente editoriales de autoedición); vende más si se ha mojado económicamente y busca pues recuperar al menos su inversión. Lo cierto es que ese tiempo de publicaciones cuestan mucho menos que si se hacen a través de editoriales al uso.

¿Por qué? En la autoedición no existen revisiones, ni correcciones, ni recomendaciones, ni diseño de portada específico, ni distribución, ni comercialización y la calidad del producto a veces es más que reprochable. Se puede afirmar que son productos de segunda clase (pero sobre los que el autor se implica).

Cosa distinta ocurre cuando un autor envía a una editorial tradicional su manuscrito. Una vez dado el “sí, quiero” al escritor, la empresa que produce el objeto del deseo (en cantidad variable) dedica tiempo, mucho trabajo y mucho dinero en la edición del libro. En ese período, el autor suele exigir y demandar de forma continua y constante hasta ver, como desea, el libro entre sus manos. Una vez ahí, y en muchos casos, el autor desaparece del mapa, se extingue cual dinosaurio en el Planeta Tierra…

Pocas regalías

Los escritores, lo leo frecuentemente, se quejan de que obtienen pocas regalías, que sus productos son buenísimos pero reciben poco a cambio, que son extraordinarios, brillantes y que cuentan con miles de fans cegados por cada línea poética reportada diariamente a modo de glorioso post en su red social favorita.

Pero la pregunta es: ¿qué beneficios económicos genera a la empresa que los avala? En muchos casos, más de la mitad de los estudiados, los beneficios son nulos y en bastantes casos solo generan pérdidas. Y en la mayoría no porque se trate de un mal trabajo literario sino por la falta de implicación del autor en el proceso post creativo.

El mercado del libro está extremadamente saturado. Se producen en España cientos de publicaciones casi a diario y para colmo, leemos extraordinariamente poco. Somos un país, a ese nivel, muy inculto.

Lo que nos pone un Sálvame no lo conseguimos con casi ningún libro. Además, el sector editorial está concentrado en tres grandes grupos editoriales: Planeta (a la que pertenecen las marcas Seix Barral, Espasa-Calpe, Tusquets o Círculo de Lectores… también las tiendas de Casa del Libro), Penguin Random House (Plaza & Janés, Grijalbo, Alfaguara, Lumen o Nube de Tinta), Santillana (Taurus, Aguilar, Salamandra) que generan la mayoría del movimiento económico.

El resto de editoriales son medianas, pequeñas o muy pequeñas; necesitan invertir muchos recursos en la publicación de un solo libro, cuentan con poco fondo para destinar al marketing y además las librerías, distribuidoras y demás elementos les hacen luz de gas. En definitiva, problemas, problemas y más problemas.

Por eso, una editorial de estas características invierte proporcionalmente muchísimo más que una grande para lanzar un libro al mercado. No en vano, producir un librito medio, con una tirada muy pequeña, pequeñísima, se va a los 1.000 euros mínimo (sin contar las horas de trabajo y a veces el transporte o la distribución, cuando son pagadas). Y cuando se vende un libro, sobre el PVP normalmente un 30 por ciento se marcha en los gastos corrientes, un 50 entre distribuidor y vendedor final y un 10 por ciento para el autor.

Ante este panorama, para una editorial modesta, la única solución para rentabilizar a corto o medio plazo una producción literaria, es que se venda mucho y rápido porque, atención escritores, la única manera de que una editorial reciba ingresos es tras la venta de libros.

Como decíamos, los autores que consiguen publicar a través de una editorial que apuesta al cien por cien por ellos, exigen al principio, y mucho: “quiero que me hagas el libro así, el diseño de la portada tiene que ser chulísimo, con estas dimensiones”, un formato tal y cual, con cartelería, distribución nacional, “que me lo pongan en los escaparates de las tiendas, que se vea, que me hagan publicidad…”.

Pero en la mayoría de los casos el autor luego no responde, o no lo suficiente. Si lo hiciese, obtendría muchas más regalías, no se quejaría tanto y las editoriales respirarían un poquito aires de sosiego económico.

La cuestión

Y he aquí la cuestión: ¿Qué debe hacer un autor para corresponder con el esfuerzo de una editorial que ofrece sus aventuras humanas y económicas en dar luz a la obra del escritor? Respondemos a continuación aunque muchos me dirán que son cuestiones obvias…

En primer lugar, una vez recibida la obra y una cantidad de ejemplares, evidentemente lo que debe hacer el autor (además de decir eso de: qué bonito ha quedado… es presentar tanto individualmente en su entorno más cercano, o en sociedad, a través de una presentación al gran público, su libro. Es algo tan lógico… Pues gran parte ni se molestan en hacerlo. Lo razonable sería pensar: me han publicado un libro, voy a venderlo, así gano dinero de forma directa, leen el libro, lo comentan, empieza a tener repercusión… U organizo una presentación, intento que vayan medios de comunicación, intento que vayan conocidos, ofrezco el libro aquí y allá…

Y es que además, muchas editoriales, por contrato, priman a los autores (no lo hacen gratis) para que vendan su libro a sus conocidos, amigos, familiares… Y esas primas a veces triplican las regalías habituales. Pues ni por esas.

Porque mientras esto sucede, o creemos que sucede, la editorial trabaja en la publicidad a través de redes sociales, medios de comunicación, distribución en librerías y centros comerciales, comercialización…

Por tanto, lo que debe hacer/tiene que hacer un escritor cuando recibe su obra es promover su venta, hacer que llegue a la gente, al menos a los que le rodean. Por lo menos decir eso de: ¡amigo, he escrito un libro! A veces no ocurre ni eso, y de hecho, a veces sucede que una editorial organiza una presentación y el autor ni se molesta en anunciarla ni en comentarla y horas antes te dice que no va a poder acercarse a presentar su propio libro. De escándalo.

Verdaderos fenómenos

Los fenómenos  del “vende libros fanfarrón” unido al de “no sé lo que ha podido pasar” son misterios habituales pero de más  acá. Y es que las editoriales normalmente cuando quieren ser convencidas, el autor de una obra en concreto cuenta sin pudor ninguno que vende tantos libros habitualmente, que conoce muchísima gente, que todos están deseando ver el libro, que solo un una presentación tiene previstos vender 100 libros porque ya lo ha hecho en ocasiones anteriores.

Pero claro, luego llega el momento de la verdad, y el fenómeno cuenta con pena eso de “es la primera vez que me pasa, no lo entiendo”, pero la culpa es del mal tiempo, del precio del libro o del puente de la Constitución. Y lo peor es que cuando así se empieza, se termina igual o peor. Y los libros en el almacén de la editorial. Y el escritor quejándose de las escasas regalías recibidas por su excelsa obra literaria.

No es de extrañar que ante este panorama, las editoriales pequeñas pidan compromisos a cambio, pero no compromisos solo de actos o de intenciones que luego quedan olvidados en el fondo del negro pozo; también compromisos económicos en diferentes variantes. Será a partir de ahora un axioma de Malbec Ediciones; Ley Malbec escrita a fuego.

Porque antes de publicar, todos los escritores no dudan en afirmar que van a hacer, que se van a mover, que evidentemente se van a implicar, que van a participar en aquello que organice la editorial, que van a vender todo lo que puedan porque necesitan además ingresos extra y les viene muy bien. Pero, una vez el libro entre las manos llega eso tan habitual: “Es que yo no soy comercial, yo me dedico a escribir y no se me da bien vender, me da vergüenza presentarme en público, no sé cómo se hace una presentación, no conozco a nadie, mi familia me da de lado…”.

Lo primordial para un autor debería ser, tras escribir un gran libro y verlo publicado, que éste se vendiera y leyera, que llegara al gran público. Sin embargo, comprobado está que prima mucho más el postureo infantiloide…

 

Puntos básicos que debe cumplir un escritor tras publicar:

  • Promover la venta de la obra, y venderla. Además, adquirir el compromiso firmado con la editorial de que va a hacerlo, estipulando una cantidad concreta de ejemplares.
  • Aportar en medida alguna (económica) al proceso de desarrollo de la obra.
  • Participar, si no le supone gasto, en las actividades que organice su editorial: presentaciones, ferias, encuentros, charlas…
  • No fanfarronear y ser sincero.
  • Promover a través de los medios de comunicación y redes sociales la difusión de su libro.

Puntos básicos que debe cumplir una editorial:

  • Trabajar para hacer posible un gran producto literario tanto en contenido como en continente. Calidades en papel, dimensiones, cubierta, diseño, correcciones ortotipográficas, etc, etc.
  • Trabajar en la distribución, allí donde sea recomendable, del libro.
  • Promover eventos de diversa índole (presentaciones, firmas, ferias, foros) del autor y de su obra.
  • Difundir la obra en redes sociales, medios de comunicación, blogs y página web editorial.
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